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Días pasados un periódico nacional informaba:
"El 35% de los jóvenes pobres de entre 15 y 20 años, que viven en el Conurbano Bonaerense y no estudian ni trabajan, cree que dentro de cinco años estará muerto. Son jóvenes que no estudian ni trabajan. Estos datos surgen de una encuesta realizada por el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense. Los datos arrojados fueron escalofriantes. La cátedra UNESCO fue la encargada de realizar el estudio, que comenzó a fines del año pasado. De sus resultados se desprende que los jóvenes que "sólo estudian" pertenecen a los sectores medios típicos, mientras que los que "estudian y trabajan" comparten rasgos con los anteriores, aunque sus familias "se encuentran con cierta precariedad e inestabilidad económica y laboral", lo que los hace "vulnerables". Los que "sólo trabajan" conforman dos grupos: aquellos que debieron abandonar sus estudios superiores para ingresar al mundo laboral, y los que, finalizado el nivel medio de educación, no comenzaron ninguna carrera. Para los investigadores, los primeros pertenecen a "sectores precarizados con diversos niveles de vulnerabilidad", mientras que los segundos estarían "más cerca" de formar parte de la clase media.
Finalmente, los que "no estudian ni trabajan" fueron catalogados como jóvenes que viven "diversos niveles de exclusión". Consultados por las "expectativas a futuro", el 35% de los encuestados aseguró que dentro de 5 años va a estar "muerto o excluido"; el 30% dijo que tendrá un "trabajo precario", y el 35% que no podrá "cumplir su vocación". Los jóvenes "perciben que en esta sociedad no se vislumbran propuestas mejores para su generación y para las generaciones siguientes, donde las decisiones que se pueden tomar son, en el mejor de los casos, a mediano plazo. Por eso, se comprende la visión negativa del futuro a través de su apreciación y evaluación del presente. Existe una percepción de una realidad actual adversa y de difícil modificación y mejora". En el relato de los jóvenes se visualiza cierto pesimismo hacia el futuro: clara dificultad de pensar y por ende desear, proyectar e imaginar un futuro para ellos. La opción es vivir el presente, lo inmediato, el momento. Lo más preocupante es que esa visión negativa del futuro no es abstracta, sino que la tienen basándose en hechos concretos ocurridos a su alrededor, como la muerte de un familiar, amigo o conocido del barrio en un hecho delictivo o por el consumo de “paco”.
¿Percibimos un Diluvio en la Argentina?. Para encontrar luces sobre el tema nos pareció oportuno consultar el libro titulado “Argentina Ciudadana”, “con textos bíblicos”, cuyo autor es el Rabino Sergio Bergman, obra prologada por el Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j. Reproducimos con la debida autorización del Rabino Sergio Bergman, algunos de los párrafos que integran el Capítulo 1, “Génesis”, de dicha obra, a partir de la página 52:
“Noé inicia la construcción del Arca ante la mirada incrédula de sus vecinos. Podríamos, sin mayor esfuerzo, reconstruir las conversaciones con sus contemporáneos, explicando que el Arca era para un diluvio que vendría y que era una empresa que, si bien parecía absurda, su secreto no era otro que el de la previsión. Pre-ver, es tener visión anticipada de lo que vendrá y, en lugar de limitarse a adivinar el futuro, es mejor adelantarse a sus consecuencias haciendo algo que tenga sentido: construir un arca” (sic).
“Para los que no entendían así, la empresa era un disparate. Sólo a la luz de la experiencia del diluvio, Noé y su obra adquirían sentido. Trabajó y se esforzó para construir el Arca. Debía tener visión para anticiparse a los hechos, dedicación, disciplina y constancia. No debía verse influido por la opinión, aun mayoritaria, de sus vecinos, sino que debía contar con los suyos, tener un plan, hacer uso de una tecnología y saber cómo hacer para llegar en tiempo y forma a que el Arca de su salvación estuviese terminada en el momento en que se desatara el diluvio” (sic).
“Completada su obra, cargó en el Arca lo mejor. Cuando el diluvio llegó, fue testigo de dos dimensiones simultáneas: la de su propia salvación y la destrucción de todo lo anterior” (sic).
“Desde el arca de Noé, sabemos que no es D-s (DIOS) (**) quien destruirá el mundo, sino que, si eso ocurre, será por obra de los hombres. Sin embargo, como humanidad, podremos encontrar en la ley una suerte de arca para sobrevivir de los diluvios. En cambio, si optamos por ser nosotros mismos ese diluvio que destruye el mundo, ya no habrá quién construya un arca” (sic).
“La Argentina conoce el diluvio que viene. Es más, somos una de las sociedades que -entendido como una metáfora de la crisis- vamos de diluvio en diluvio. En lugar de volver a la tierra una vez bajadas las aguas, parecería que vivimos siempre a bordo de un arca precaria. A pesar de vivir en una tierra bendecida por la naturaleza, nos quedamos para siempre en el arca, sin animarnos a pactar con la ley que nos permitiría ver el arco iris de una paz con nosotros mismos y con el mundo. Nos condenamos así a la sucesión de diluvios, que muchas veces desencadenamos nosotros mismos esperando que alguien nos saque del arca” (sic).
“La capacidad de tener una visión de lo que viene es el primer requisito para la construcción de un arca. Los diluvios argentinos son una manera cíclica y casi melancólica de decirnos todo el tiempo que estamos condenados al fracaso y a no hallar soluciones, como la generación de Noé, estamos, definitivamente, condenados. Sin embargo , la gran alternativa, frente a un diluvio que viene, es si ser Noé o ser igual a su generación. Él no se lamentó por la proximidad del diluvio, lo asumió, lo consideró un desafío y entendió que la construcción del arca era una posibilidad mejor que quejarse para enfrentar y superar con éxito el diluvio anunciado” (sic).
“Nuestra vocación de ciudadanía está relacionada con la construcción del arca. El arca argentina necesita estar construida con la ley y el derecho, que son la columna vertebral de una Nación. La Argentina está siempre entre un diluvio que vino y otro que está por venir. Aquellos que leen la Biblia entienden fácilmente la sensatez de Noé. Por el contrario, quienes leen la historia argentina y tratan de comprender y explicar cómo somos y de qué manera actuamos, no aciertan a entender del todo por qué no aprendimos de los sucesivos diluvios y nunca nos apresuramos a construir un arca en previsión del próximo” (sic).
“Así como hay argentinos que actúan como la generación de Noé, también hay argentinos que son como Noé. En cada generación, hay justos, silenciosos que construyen arcas para todos. Son aquellos que, con sus acciones, entienden que es posible no sucumbir en el diluvio que viene. Argentinos con vocación de servir y aceptar el llamado cívico de hacer un arca que nos preserve del diluvio si es que viene. Es gente que no se queja ni se lamenta. Tampoco pretenden explicar con grandes voces lo que pasa o por qué causas ocurren esas cosas que siempre desembocan en el diluvio. Son pacientes y disciplinados trabajadores del astillero de una Argentina solidaria, noble que construyen día a día un arca invisible para poner en ella lo mejor de cada uno, para que todos podamos vivir en esta tierra. Sus herramientas son simples y están al alcance de todos: la ley, las normas, los valores que dan sentido a la vida y la Constitución” (sic).
“La única manera de contribuir, responsablemente, a la cotidiana construcción del arca es asumiendo, con decisión, un compromiso cívico activo y tener siempre presente que nuestra única salvación, como ciudadanos, es el ejercicio pleno de la democracia republicana” (sic); (Página 58).
Con motivo de este artículo se solicitó al Rabino Sergio Bergman autorización para su publicación, con el especial pedido de formularnos algunas reflexiones destinadas a los socios y amigos de la Cámara. A continuación transcribimos el texto que nos remitiera. Agradecemos la deferencia y generosidad de la dedicatoria.
“Es nuestro espíritu, el que permite transformar la realidad. Asumiendo que la esperanza de un mañana mejor comienza hoy, cuando en lugar de reclamar, somos capaces de ofrendar. Reemplazando la pasiva espera de tener soluciones, por la disposición activa de comprometerse con una contribución cierta de tiempo y esfuerzo consagrado al bien común. Así, la Nación se constituye y construye, con ciudadanos que dejan de ser habitantes del territorio y son artífices protagónicos de aquello que hemos pactado como valores en la Constitución, haciendo obra de nuestras manos en bendición. Sea la Bendición de D-s en la obra de sus manos y en la de vuestra asociación, que dispone de si para que todos podamos recibir una noble contribución y ser socios del mismo Creador en reparar el mundo y nuestra bendita tierra Argentina, plena de promesas, que se hacen proyecto en el compromiso de ser y hacer una Argentina Ciudadana en bendición”.
Fdo. Rabino Sergio Bergman
Profundicemos estas reflexiones y hagamos el firme propósito de comprometernos como ciudadanos para construir el “arca” para todos los argentinos, sin exclusiones y donde en especial la niñez y la juventud encuentren un lugar de futuro, una Nación comprometida con los valores de la Verdad, la Justicia y la Solidaridad.
(*) “Argentina Ciudadana”; Autor: Rabino Sergio Bergman; Ediciones B Argentina S.A; ISBN 978-987-627-057-1; Capítulo 1: Génesis; julio 2008.
(**) Nota del Editor: “De acuerdo a la religión judía, el nombre de D-s no se escribe con todas las letras ya que no es representación de Él. Como el lenguaje construye realidad, escribir la palabra “dios” significaría limitarlo en su ilimitación y su perfección de ser, nombrar lo innombrable, escribir lo no-escribible, humanizar lo trascendente. Es un valor positivo de respeto y consideración” (sic).
Días pasados un periódico nacional informaba:
"El 35% de los jóvenes pobres de entre 15 y 20 años, que viven en el Conurbano Bonaerense y no estudian ni trabajan, cree que dentro de cinco años estará muerto. Son jóvenes que no estudian ni trabajan. Estos datos surgen de una encuesta realizada por el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense. Los datos arrojados fueron escalofriantes. La cátedra UNESCO fue la encargada de realizar el estudio, que comenzó a fines del año pasado. De sus resultados se desprende que los jóvenes que "sólo estudian" pertenecen a los sectores medios típicos, mientras que los que "estudian y trabajan" comparten rasgos con los anteriores, aunque sus familias "se encuentran con cierta precariedad e inestabilidad económica y laboral", lo que los hace "vulnerables". Los que "sólo trabajan" conforman dos grupos: aquellos que debieron abandonar sus estudios superiores para ingresar al mundo laboral, y los que, finalizado el nivel medio de educación, no comenzaron ninguna carrera. Para los investigadores, los primeros pertenecen a "sectores precarizados con diversos niveles de vulnerabilidad", mientras que los segundos estarían "más cerca" de formar parte de la clase media.
Finalmente, los que "no estudian ni trabajan" fueron catalogados como jóvenes que viven "diversos niveles de exclusión". Consultados por las "expectativas a futuro", el 35% de los encuestados aseguró que dentro de 5 años va a estar "muerto o excluido"; el 30% dijo que tendrá un "trabajo precario", y el 35% que no podrá "cumplir su vocación". Los jóvenes "perciben que en esta sociedad no se vislumbran propuestas mejores para su generación y para las generaciones siguientes, donde las decisiones que se pueden tomar son, en el mejor de los casos, a mediano plazo. Por eso, se comprende la visión negativa del futuro a través de su apreciación y evaluación del presente. Existe una percepción de una realidad actual adversa y de difícil modificación y mejora". En el relato de los jóvenes se visualiza cierto pesimismo hacia el futuro: clara dificultad de pensar y por ende desear, proyectar e imaginar un futuro para ellos. La opción es vivir el presente, lo inmediato, el momento. Lo más preocupante es que esa visión negativa del futuro no es abstracta, sino que la tienen basándose en hechos concretos ocurridos a su alrededor, como la muerte de un familiar, amigo o conocido del barrio en un hecho delictivo o por el consumo de “paco”.
¿Percibimos un Diluvio en la Argentina?. Para encontrar luces sobre el tema nos pareció oportuno consultar el libro titulado “Argentina Ciudadana”, “con textos bíblicos”, cuyo autor es el Rabino Sergio Bergman, obra prologada por el Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j. Reproducimos con la debida autorización del Rabino Sergio Bergman, algunos de los párrafos que integran el Capítulo 1, “Génesis”, de dicha obra, a partir de la página 52:
“Noé inicia la construcción del Arca ante la mirada incrédula de sus vecinos. Podríamos, sin mayor esfuerzo, reconstruir las conversaciones con sus contemporáneos, explicando que el Arca era para un diluvio que vendría y que era una empresa que, si bien parecía absurda, su secreto no era otro que el de la previsión. Pre-ver, es tener visión anticipada de lo que vendrá y, en lugar de limitarse a adivinar el futuro, es mejor adelantarse a sus consecuencias haciendo algo que tenga sentido: construir un arca” (sic).
“Para los que no entendían así, la empresa era un disparate. Sólo a la luz de la experiencia del diluvio, Noé y su obra adquirían sentido. Trabajó y se esforzó para construir el Arca. Debía tener visión para anticiparse a los hechos, dedicación, disciplina y constancia. No debía verse influido por la opinión, aun mayoritaria, de sus vecinos, sino que debía contar con los suyos, tener un plan, hacer uso de una tecnología y saber cómo hacer para llegar en tiempo y forma a que el Arca de su salvación estuviese terminada en el momento en que se desatara el diluvio” (sic).
“Completada su obra, cargó en el Arca lo mejor. Cuando el diluvio llegó, fue testigo de dos dimensiones simultáneas: la de su propia salvación y la destrucción de todo lo anterior” (sic).
“Desde el arca de Noé, sabemos que no es D-s (DIOS) (**) quien destruirá el mundo, sino que, si eso ocurre, será por obra de los hombres. Sin embargo, como humanidad, podremos encontrar en la ley una suerte de arca para sobrevivir de los diluvios. En cambio, si optamos por ser nosotros mismos ese diluvio que destruye el mundo, ya no habrá quién construya un arca” (sic).
“La Argentina conoce el diluvio que viene. Es más, somos una de las sociedades que -entendido como una metáfora de la crisis- vamos de diluvio en diluvio. En lugar de volver a la tierra una vez bajadas las aguas, parecería que vivimos siempre a bordo de un arca precaria. A pesar de vivir en una tierra bendecida por la naturaleza, nos quedamos para siempre en el arca, sin animarnos a pactar con la ley que nos permitiría ver el arco iris de una paz con nosotros mismos y con el mundo. Nos condenamos así a la sucesión de diluvios, que muchas veces desencadenamos nosotros mismos esperando que alguien nos saque del arca” (sic).
“La capacidad de tener una visión de lo que viene es el primer requisito para la construcción de un arca. Los diluvios argentinos son una manera cíclica y casi melancólica de decirnos todo el tiempo que estamos condenados al fracaso y a no hallar soluciones, como la generación de Noé, estamos, definitivamente, condenados. Sin embargo , la gran alternativa, frente a un diluvio que viene, es si ser Noé o ser igual a su generación. Él no se lamentó por la proximidad del diluvio, lo asumió, lo consideró un desafío y entendió que la construcción del arca era una posibilidad mejor que quejarse para enfrentar y superar con éxito el diluvio anunciado” (sic).
“Nuestra vocación de ciudadanía está relacionada con la construcción del arca. El arca argentina necesita estar construida con la ley y el derecho, que son la columna vertebral de una Nación. La Argentina está siempre entre un diluvio que vino y otro que está por venir. Aquellos que leen la Biblia entienden fácilmente la sensatez de Noé. Por el contrario, quienes leen la historia argentina y tratan de comprender y explicar cómo somos y de qué manera actuamos, no aciertan a entender del todo por qué no aprendimos de los sucesivos diluvios y nunca nos apresuramos a construir un arca en previsión del próximo” (sic).
“Así como hay argentinos que actúan como la generación de Noé, también hay argentinos que son como Noé. En cada generación, hay justos, silenciosos que construyen arcas para todos. Son aquellos que, con sus acciones, entienden que es posible no sucumbir en el diluvio que viene. Argentinos con vocación de servir y aceptar el llamado cívico de hacer un arca que nos preserve del diluvio si es que viene. Es gente que no se queja ni se lamenta. Tampoco pretenden explicar con grandes voces lo que pasa o por qué causas ocurren esas cosas que siempre desembocan en el diluvio. Son pacientes y disciplinados trabajadores del astillero de una Argentina solidaria, noble que construyen día a día un arca invisible para poner en ella lo mejor de cada uno, para que todos podamos vivir en esta tierra. Sus herramientas son simples y están al alcance de todos: la ley, las normas, los valores que dan sentido a la vida y la Constitución” (sic).
“La única manera de contribuir, responsablemente, a la cotidiana construcción del arca es asumiendo, con decisión, un compromiso cívico activo y tener siempre presente que nuestra única salvación, como ciudadanos, es el ejercicio pleno de la democracia republicana” (sic); (Página 58).
Con motivo de este artículo se solicitó al Rabino Sergio Bergman autorización para su publicación, con el especial pedido de formularnos algunas reflexiones destinadas a los socios y amigos de la Cámara. A continuación transcribimos el texto que nos remitiera. Agradecemos la deferencia y generosidad de la dedicatoria.
“Es nuestro espíritu, el que permite transformar la realidad. Asumiendo que la esperanza de un mañana mejor comienza hoy, cuando en lugar de reclamar, somos capaces de ofrendar. Reemplazando la pasiva espera de tener soluciones, por la disposición activa de comprometerse con una contribución cierta de tiempo y esfuerzo consagrado al bien común. Así, la Nación se constituye y construye, con ciudadanos que dejan de ser habitantes del territorio y son artífices protagónicos de aquello que hemos pactado como valores en la Constitución, haciendo obra de nuestras manos en bendición. Sea la Bendición de D-s en la obra de sus manos y en la de vuestra asociación, que dispone de si para que todos podamos recibir una noble contribución y ser socios del mismo Creador en reparar el mundo y nuestra bendita tierra Argentina, plena de promesas, que se hacen proyecto en el compromiso de ser y hacer una Argentina Ciudadana en bendición”.
Fdo. Rabino Sergio Bergman
Profundicemos estas reflexiones y hagamos el firme propósito de comprometernos como ciudadanos para construir el “arca” para todos los argentinos, sin exclusiones y donde en especial la niñez y la juventud encuentren un lugar de futuro, una Nación comprometida con los valores de la Verdad, la Justicia y la Solidaridad.
(*) “Argentina Ciudadana”; Autor: Rabino Sergio Bergman; Ediciones B Argentina S.A; ISBN 978-987-627-057-1; Capítulo 1: Génesis; julio 2008.
(**) Nota del Editor: “De acuerdo a la religión judía, el nombre de D-s no se escribe con todas las letras ya que no es representación de Él. Como el lenguaje construye realidad, escribir la palabra “dios” significaría limitarlo en su ilimitación y su perfección de ser, nombrar lo innombrable, escribir lo no-escribible, humanizar lo trascendente. Es un valor positivo de respeto y consideración” (sic).
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